F r a n c i s c o   T o l e d o

La doble condición

                                                                                                Jaime Moreno Villarreal

 

Obras que son únicas y múltiples a la vez, que tienen tanto de pintura como de grabado y han sido numeradas, cuyos materiales componentes (cuero, pergamino, madera, película fotográfica o vinil…) se han recortado mediante una máquina de láser pero están también intervenidos a mano:  piezas pares que son impares.  ¿Qué son?   Múltiples:  obras mixtas, heterogéneas, mestizas, híbridas pero no confusas.  En su variedad sobresale la ambivalencia, ese sentido doble que es un disparador tanto de la invención del artista como de las lecturas de los espectadores.   Esa ambivalencia que las hace únicas y múltiples, repetidas y diferentes a la vez, remite a un procedimiento constante en la obra de Toledo que podríamos denominar “la doble condición”.

 

            En los estudios de retórica el sentido doble se expresa con el término por demás sugerente de “anfibología”.  Existen, pues, palabras y expresiones anfibias, que tienen dos significados o participan de dos medios, como los seres vivos que habitan ahora en el agua, ahora en la tierra.  La doble condición en la obra de Toledo suele apuntar precisamente a ciertos seres vivos caracterizados como en devenir de un ser a otro, devenir a veces indecidible:  los monos, ¿son también hombres?; ese cangrejo, ¿no es un rostro?; y esas colecciones de insectos, ¿no son además muestrarios de personajes?   Se despliega así una iconografía de la doble condición, correlativa al carácter de las obras que integran estos Múltiples:  ¿originales de artista o reproducciones hechas a máquina?

 

Así como los animales limítrofes fascinan a Toledo —por ejemplo, los cangrejos y los cocodrilos, seres de playa y ribera, seres de las orillas—, la ambivalencia se juega también en los materiales que él emplea:  por ejemplo, la peculiar mica que, por una parte, semeja al papel en su delgadez de hoja, y por otra a la roca por su dureza y resistencia al calor; y qué decir de las hojas de oro y plata, que son metales preciosos al tiempo que papeletas.  Francisco Toledo estudia estos recursos y los incorpora expandiendo los confines de su arte, trazando nuevos límites para sobrepasarlos.

 

En su anfibología de agua y tierra, el artista oaxaqueño señala un diálogo entre el hombre y el pez que alcanza expresión acabada en Fish with Swimmer (2011-2012).  Hay en esta pieza un inopinado eco del Pinocho de Carlo Collodi, que Toledo leyó de niño y a partir del cual realizó recientemente una versión pintada al pastel, que será publicada en libro.  Ahí, la doble condición se realiza en la figura del muñeco de palo que ha de convertirse en niño, y especialmente en el relato de su viaje a las entrañas de la ballena, con la consecuente expulsión del vientre, que le dará un verdadero nacimiento como hombre gestado en el agua amniótica del útero y arrojado a la tierra.  Entre hombre y criatura marina hay una relación de salvación, siempre renovada por las historias de náufragos y delfines.   El nadador encarna por excelencia la condición anfibia.

 

Ahora bien, hay que señalar que el artista asume su propia doble condición, no sólo como algo personal sino constitutivo.   Esto se aprecia a través de Fish with Ship (2012), obra que evoca The Slave Ship de J.M.W. Turner (1840, The Boston Museum of Fine Arts), el óleo donde el pintor inglés  hace aparecer, entre las agitadas aguas del mar y frente a un barco que zozobra, los brazos y piernas semi-sumergidos y aún encadenados de esclavos negros que serán devorados por los peces:  ante la inminente tormenta que amenaza a la embarcación, el traficante de esclavos ha preferido arrojar su mercancía humana al mar para así cobrar el seguro.  Esta obra de Turner, emblemática de la lucha anti-esclavista, es evocada por Toledo con un timbre personal, pues su familia desciende, por rama materna, de esclavos afincados en el pueblo de Ixtlaltepec, Oaxaca.  Una ascendencia de cadenas rotas irradia sobre las rupturas de los límites, y las batidas por la libertad que Francisco Toledo acomete tanto en lo social como en lo artístico.

 

Otras sugerencias de la doble condición se diseminan por las obras de Toledo:  ahí están las redes de pesca que atrapan cangrejos y peces, que no dejan de evocar igualmente la sujeción y la lucha por desasirse; pero acaso es en los elefantes empujados por las enclenques calacas donde se mide la enormidad del desafío:  la pesadez, la corpulencia, la trabazón que debe enfrentar el monigote de huesos humano, provisto sólo de su imposible contrapeso, para que lo inconmovible dé unos pasos.  En los Múltiples la doble condición se vuelve multidimensional, lo objetivo se vuelve personal, lo ausente se hace presente, las aguas se desbordan y, repentinamente, la piel del elefante resulta ser de la misma estofa que el ala de mariposa. 

 

 

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